domingo, 16 de agosto de 2015

Gracias, gracias, gracias!!!

     De a ratos tengo la sensación que este blog, más que haber sido un medio para contar mis días en Calcuta se transformó en un confesionario público donde terminé abriendo mi corazón para sacar a la superficie mi interioridad más profunda. Todavía no tengo claro si eso me entusiasma o me asusta.      
    De cualquier manera, estoy contenta por que volví a hacer algo que me encantaba y había dejado abandonado: escribir.

    Vayan estos relatos dedicados en forma de agradecimiento a todas las personas que formaron parte de este viaje, sin los cuales nada de lo vivido hubiera sido remotamente posible. 

     Gracias a papá y mamá. Gracias por creer siempre en mí, incluso cuando yo había dejado de creer en mi misma. Gracias por apostar siempre a la vida y a la familia. Gracias por cuidarnos y querernos así. Gracias por educarnos en la libertad que significa ser hijos de Dios. Y gracias, gracias por el mejor regalo que nos pudieron haber hecho en mil años: enseñarnos con el ejemplo de su vida a vivir con Fé.

     Gracias a mis seis hermanos: Cata, Merucha y Juanet, Tatí, Patet y Juan, mi chiquito. Gracias por hacer de nuestra casa  el mejor lugar para que cada uno pueda sea uno mismo. Y gracias por cuidarme tanto!!!

     Gracias a Tomás y Guillermina, mis sobrinos. Gracias por llegar para agrandar la familia y por enseñarme que existe una nueva manera de amar a alguien.

     Gracias a Albitus, por tanto!

     Gracias a mis abuelos tan queridos, Pet y Alfre, Minú y Dan.

     Gracias a todos los primos y tíos, a mis ahijados y a mis padrinos.

     Gracias a Mery, Milucha y Floreta, primas y amigas. Gracias por los veranos, viajes y escapadas juntas. Gracias por las charlas interminables, los sabios consejos, los sanos cuestionamientos y por hacerme saber que están siempre cerca.

     Gracias a cada una de mis amigas. Sobran las palabras cuando ya esta todo dicho. Las quiero tanto. Y no saben cuánto las extrañé!

     Gracias a Angie y Pilox por su amistad tan genuina, atenta y generosa. Gracias, además, por ayudarme a crecer en mi vida espiritual. Necesito uno de nuestros tes y charlas de los lunes. Angie agarrate que mi update va a durar cinco segundos al lado del tuyo. 

     Gracias a Vic, con quien nos vemos mucho menos de lo que quisiera. Y sin embargo, en cada encuentro, siento que nos vimos el día anterior. Vicket, a la distancia valoré todavía más nuestra amistad: tu presencia en mi vida, tus opiniones y tu alegría.

     Gracias a toda la gente buena y sana del Juzgado. Caro, Marianete, Loluch, Carluchi, Lu, Martita… 
     Y dos veces gracias a todas las personas que me cuesta comprender, aceptar y perdonar. A la distancia me doy cuenta que toda la angustia y el rechazo que me provocaba tener que ir a trabajar y verlos, terminaron conviertiéndose en la mejor inspiración para decidirme a hacer este viaje.

     Gracias a Magucha, compañera, socia, confidente y amiga, con quien compartí los mejores y los peores momentos en el 4to piso de Lavalle. Magui, gracias por tu paciencia infinita y tus consejos, por nuestras charla y cada silencio compartido. Hubo días que extrañé especialmente nuestras conversaciones… y tus comentarios y observaciones sobre ciertas cosillas (estoy tentada mientras escribo esto).

     Gracias a todos los chicos de FIN. A los que dejaron y a los que siguen. Gracias por hacer de los miércoles uno de los mejores días de la semana. Gracias por abrirse tanto y tan desde el corazón. Gran parte de este viaje tiene que ver con todos ustedes!

     Gracias a las amigas de mamá: Meruch, Pili Allende, Mery Conen, Tini, Isa Thays, Mercedes, Piucha, Jeannie, Lucy y siguen… Gracias por tantas muestras de cariño. Chicas, se sabe, los cincuenta y pico son los nuevos veinte.

     Gracias a Juan y Andrea. Por ser excelentes profesionales, y sobre todo, excelentes personas.

     Gracias a Santi Moy, por prestarme esa tarde de febrero y compartirme su experiencia de Calcuta con tanta sinceridad y entusiasmo.

     Gracias a Luchi Serres, por su calidez y por guardarme la valija tantos días.
   
    Gracias a toda la gente cercana y querida que estuvo presente antes y durante el viaje.

     Gracias a los peregrinos y voluntarios. Gracias a cada Sister, a mis queridas pacientes, y a todas las personas que me cruce a lo largo de estos meses viajando. Con mucha alegría puedo decir que ya forman parte de mi vida.

     Gracias a la querida Madre, Beata Teresa de Calcuta. Gracias por dejarnos el mejor de los testimonios: el de vivir con paz y confianza en los planes de Dios. Gracias por fundar la Congregación de las Misioneras de la Caridad y cada House alrededor del mundo. Gracias por formar tan bien a las Sisters y fomentar tanto la presencia de los voluntarios. Gracias por enseñarnos a rezar y mostrarnos que en las épocas de oscuridad y aridez es donde mejor podemos conocer a Jesús.

     Gracias a la Virgen María, la mujer más perfecta: madre, amiga, protectora, sostén, abogada, mediadora, luz y esperanza nuestra. 

    Y gracias a Dios Padre, el mejor de todos. No existen palabras de adoración y agradecimiento suficientes. Gracias por dejarnos a Jesús su Hijo único. Y gracias por mostrarnos de mil maneras su Bondad, su Ternura, su Sabiduría, su Paciencia, su Misericordia…

    A todos les digo: gracias, gracias, infinitas gracias!!!




Luisa Morgan
16 de agosto de 2015
Calcuta, India

Hasta la próxima


    Cuando uno esta por viajar suele pensar en muchas cosas. 
    En cuestiones de logística, cómo si se tiene vigente el pasaporte, cuál es el horario del vuelo y a quién se va a poder enganchar para que lo lleven a Ezeiza un jueves a las diez de la mañana.
    Si nos enfocamos en un nivel más emocional, surgen pensamientos sobre cómo será la llegada al nuevo destino, si extrañáremos a toda la gente querida que dejamos atrás, como será la convivencia con esas amigas que viajan con nosotras, o como será la convivencia con uno mismo si viajamos solas.
    En un aspecto más filosófico y con una mirada más trascendente, podemos preguntarnos sobre qué nos enseñará ese nuevo lugar y esos días fuera de casa y de la rutina, de qué manera vamos a crecer...
    Si aplicamos una perspectiva más romántica más que interrogantes uno puede imaginar… ay, tantas cosas! Las fotazas que se van a sacar, los paisajes que se van a contemplar, los atardeceres que  se van a admirar. También ideas más de novelas cómo si, por ejemplo, uno conocerá al amor de su vida en el avión. Que levante la mano la que nunca imagino esto… !!!! 
     Yo, que soy la reina de diseñar las mega historias perfectas, suelo imaginar que me pasa algo así. Les pido que no se emocionen porque no estoy tratando de decir nada con interlineado. Hasta la fecha, de toodos los aviones que me tomé, viajé sentada entre personas de más de 70 años, o atrás de madres con sus hijos recién nacidos o -y esta es buenísima- al lado de espléndidos con aspectos de candidates a no ser por el detallecito menor de la presencia de sus novias sentadas unos asientos más adelante.  Alguien más siente que algo estaría fallando a la hora de hacer el check inn?

    A lo que iba… Uno suele imaginarse muchas cosas, pero por lo general nunca esta en el libreto pensar cómo va a ser la despedida de ese lugar, de ese viaje y de esa nueva experiencia.

    Escribo estas líneas sentada en el aeropuerto de Calcuta. Mi vuelo a Delhi sale en unas horas y sigo sin caer que esto esta llegando a su fin.  Siento que fue ayer que aterricé en esta ciudad y sin embargo ya pasaron más de 10 semanas. En qué momento volaron estos setenta y cuatro días???!

    Aún tratando de hacer el mejor de mis esfuerzos, me resulta imposible explicar todo lo que hoy guardo en el alma. Percibo que voy a necesitar varios días para que todo lo vivido decante serenamente.

    Sólo tengo palabras de agradecimiento. 

    Con sorpresa y alegría, descubro que este viaje no arrancó el primero de abril en Roma, sino que empezó en el mismo lugar donde hoy termina: al lado del Santísimo y a los pies de la Cruz.

    Se me viene a la cabeza una charla que tuve el año pasado con Mery Grondona  en la que conversábamos sobre algo relacionado con la importancia de conocerse a uno mismo, descubrir los talentos y enfrentar los miedos. Se ve que ese día estábamos muy profundas. Ella, con mucha seguridad, me dijo algo sobre la necesidad de hacer primero un viaje interno…al corazón de uno…para poder estar lista para viajar con valijas y alrededor del mundo.

    Merucha, gracias, cuánta sabiduría en esas palabras! Tenías tanta razón. Por que si alguien me pregunta… es verdad, este viaje empezó en algún momento del año 2012, en el Marín, arrodillada frente al Santísimo, con la cara manchada de lágrimas y una súplica urgente al Cielo: Señor quiero creer, quiero entender, quiero querer. 

    Quiero creer que existís, quiero entender el por qué de tantas cosas, y quiero quererte más para de esa manera aprender a quererme y a querer a los demás.

    Así transcurrieron gran parte de estos tres últimos años...

    Y hoy, después de estos días en Calcuta, me doy cuenta que todas esas respuestas llegaron en el silencio, en la oración, en el servicio y en la Adoración. Durante las mañanas, trabajando en los pasillos de Shanti Dan. Y durante las tardes, en la capilla de Mothers House, en todas esas horas dedicadas a no hacer otra cosa más que a contemplar el misterio de Amor que envuelve a Jesús crucificado en el madero.

    Por eso ahora, mientras me congelo con el aire acondicionado del aeropuerto y hago un esfuerzo para poner en palabras todo lo vivido, si bien siento este desgarro por tener que decir adiós a esta vida que me transformó... si bien siento dolor al pensar que no voy a ver nunca más a muchas de estas personas que me cautivaron, con quienes compartí de todo y aprendí a querer tanto… a la vez, inexplicablemente, siento Paz. Paz y alegría por haber redescubierto y vivido con una intensidad completamente nueva, el Amor de Dios. El saberme pensada, creada, sostenida y amada por Dios. Amada con un Amor que trasciende cualquier sentimiento o emoción humana. Amada con un Amor actual, personal, profundo, eterno y perfecto.

    Lo que antes era llanto ahora se convirtió en una sonrisa cómplice. Por que de la mano de esta nueva certeza, de a poco empiezo a ver luz entre tanta oscuridad.
     Y es curioso percibir como, aunque tironeada y ya sabiendo que voy a extrañar Calcuta horrores… siento con clarísima lucidez, que ya es hora de volver a casa.























































    
   
     


sábado, 8 de agosto de 2015

54 A, A.J.C. Bose Road


 De a ratos pierdo la cuenta de los días que llevo acá. Hoy me senté con un calendario y con sorpresa veo que ya voy más de dos meses. No me lo creo. Cómo voy a extrañar este lugar!! Todo, todo!!!

   Bueno, tampoco nos copemos, todo no. El ruido de las bocinas, seguro que no. A la vuelta pido turno con un otorrino, estoy segura que perdí un 30 % de mi capacidad auditiva. Tampoco voy a extrañar a los indios, menos a los que se instalan de lunes a lunes en las veredas a hacer no sé bien que... O los que dominguean un martes a las tres de la tarde. O los que caminan lento lennnnto por la calle. O peor, los que se te pegan y caminan dos cuadras al lado tuyo. Esos me alteran especialmente. A mí no me gusta lo poco educados y atentos que son con las mujeres. Me fastidia sobre todo como nos miran y nos hablan. La mayoría son súper machistas y autoritarios. Hay días que caminar por estas calles se me hace especialmente difícil....
    
   
    Por eso Mothers House se convirtió para mí en un oasis en medio de la aboragine de afuera. Si no fuera por ese edificio, esa puerta de entrada, la Capilla en el segundo piso, el lugar donde se toma el desayuno, el patio interno, la Tumba de la Beata Madre Teresa... no creo que hubiera aguantado tanto tiempo en esta Ciudad. Por que Calcuta puede ser muchas cosas, pero linda, tranquila y pintoresca no es. A mi me hace acordar a la Obra de Salvador Dalí: o te fascina o te genera rechazo, pero nunca nunca te deja indiferente.

    No solo la sencillez y el despojo del Convento lo convierten en un lugar especial, sino también la presencia constante y en todas partes de las Sisters.
    Ayy, las Sisters!!!! Se podría escribir un tratado entero de estas mujeres. Yo las miro y me dan unas ganas de hacerme amiga de todas. Es que son tan sonrientes, te hablan con tanta paz, hasta caminan con una serenidad... que da envidia! Pero no se imaginen seres etéreos, inaccesibles que están como en otro planeta. No, no. Son personas súper cercanas, bien de carne y hueso, con los pies en la tierra y con Dios en el corazón. Y eso se nota a la legua. A uno le dan ganas de instalarse a tomar un café e interrogarlas sobre el secreto de esas sonrisitas que siempre las acompañan a todos lados, de esas respuestas simplísimas pero cargadas de Verdad, de esa Fe incorruptible, de esa alegre Esperanza, de esa Confianza ciega...

   La Capilla queda en el segundo piso y es de las más lindas que conozco. Y es gracioso por que no tiene nada de especial. De hecho no tiene casi nada: una mesa de madera que oficia de Altar, un Crucifijo grande y lindísimo colgado atrás con las palabras I thirst escritas en negro y ubicadas al costado, el Sagrario, una imágen de la Virgen... y paremos de contar. Hay algunos bancos largos no serán más de ochoubicados contra las paredes, del lado donde se sientan los voluntarios. Nada más. Ni siquiera hay ventiladores en el techo. Hay cuatro de esos movibles, pero que apuntan, uno al altar, y el resto a nosotros.  Las Sisters, en su coherencia por servir a los pobres siendo como pobres, se aguantan el calor...

Es un espacio grande, con piso de loza,  siete ventanas dobles y cuatro puertas de acceso. (Toda esta info de arquitectura la chequeo bien mañana, estoy escribiendo de memoria y por ahí me falta o me sobra algo). Siempre esta impecable, limpia y llena de luz (me copa que sea tan luminosa). Además, aunque hagan mil grados afuera, no sé por que siempre siento que ahí adentro esta un poco más fresco. Yo ya aprendí a amar ese lugar. Si al cruzar el umbral de la front door de 54 A, A.J.C.Bose Road uno ya respira paz y silencio....esa paz y ese silencio se multiplican cuando uno sube las escaleras y accede a la Capilla.  
    Además dependiendo la hora que vaya− uno puede disfrutar del silencio, sumarse al Rosario o gozar de los cantos. Algo tienen esas novicias!!! Para mí que son todas sopranos, por que se mandan unos coros... que parecen ángeles!!! Si uno cierra los ojos y se olvida de donde esta, hasta puede llegar a confundir ese lugar con un pedazo de Cielo. Me pasa todos los días. Yo creo que es por eso que no me quiero ir nunca de acá!!!!!

    El jueves pasado fue el Día del Voluntario.
    Aclaro que a mi me empezás una frase con Día de... y automáticamente me agarra migraña. Es que se me viene a la cabeza el día de la memoria y me dan ganas de llorar imaginándome a todos los ka festejando con nuestros impuestos. O pienso en el día del empleado judicial y... no, mejor ni digo lo que me imagino porque es algo dantesco.
    Así, llena de prejuicios, recibí la noticia de que el 30 de julio se festejaba el Día del Voluntario. Por eso, tengo que confesar que al principio me daba una fiaca!!! Nosé bien que pensé, pero ciertamente nunca estuvo en mi cabeza lo que finalmente sucedió.

  A veces me tiento sola, porque me imagino como Dios se ríe de mí.
  Es que uno de mis principales objetivos era venirme a Calcuta, pero trabajar siempre desde el rincón más oscuro, pasar lo más desapercibida posible... 
Y de repente, el otro día, me encontré a mí misma contestando preguntas, haciendo de guía, traductora, intérprete, relacionista pública...!!! Es que el evento se celebró en Shanti Dan y como por el tiempo que llevo involuntariamente me convertí en una long term volunteer−, Sister Mercy me hizo pasar al frente en el desayuno (mi cara: bordó), me presentó ante todos (mi cara: pasó del bordó al fuxia) y me pidió que coordinara la ida de los voluntarios para que todos pudieran llegar felizmente a destino (mi cara ya no tenía colores, sólo una idea fija: hacer un pozo y enterrarme...).

   Claro que nadie me facilitó una pala, con lo cual finalmente terminé organizando la travesía a Shanti Dan. Y menos mal que fuí, por que el evento fue una fiesta. Muchos voluntarios se agruparon e hicieron alguna demostración típica de sus países. Hubo de todo: actos, bailes, cantos a duo, en grupo, solistas. Hasta recitaron el poema de Mario Benedetti No te rindas en tres idiomas: español, inglés y bengalí.  Hubo una chica de China que se animó a subirse al escenario sola (la aplaudo desde Calcuta hasta Shangai) y nos enseñó un baile típico de su pueblo. Mandó a subir el volúmen, puso a todo el público de pie y arrancó...
   Se puede ser tan lo más?
  
   Al final, después de una bendición que hizo un cura de Sevilla, las Sisters (sii, leyeron bien. Ellas... a nosotros) nos sirvieron la comida, llenaron los vasos, levantaron los platos, se ocuparon de que cada uno estuviera bien...
 Ven que es verdad lo que les digo? Estas Sisters se van de tema. Rompen con todos los esquemas. Además de ser divinas, de seguro también son santas.
    Habremos sido casi unos 200 voluntarios de todas partes del mundo. Todo salió es pec ta cu lar. Yo me reía por que pasé de Mm, que fiaca ir a Qué bueno estuvo, ojalá que esta noche no se termine nunca!!!
   

    Hace algunas semanas descubrí que en Mothers House hay una Biblioteca para los Voluntarios. Tremendo hallazgo. Claro que no se imaginen que entre sus ejemplares encontré un Ken Follet, o una Julia Navarro o una María Dueñas. Sin embargo, encontré un género que tenía olvidado y me gustó redescubrir: la vida de los Santos.

   Me imagino que a unos cuantos que estan leyendo esto les vino un bostezo con la expresión Vida de Santos... Si es así, los entiendo, pero no se dejen engañar. Por que hay pocas cosas mejores que la vida de un Santo, novelada, bien escrita y bien traducida.
   Me devoré todos los que cayeron en mis manos: Santa Faustina (cómo recién me entero de la existencia de la Divina Misericordia?? Cuánto tiempo perdido!!!! Fausti, mi chiquita, no sabes como me acordé de vos. Que buen nombre tenés!!!), San Maximiliano Kolbe, San Juan María Vianney, Charles de Foucauld, Santa Catalina de Siena, San Luis de Montfort...
  Uno mejor que el otro. Todos interesantísimos. Lo bueno de estas historias es que uno conoce más a personas santas que existieron, que tuvieron padres, hermanos y amigos. Que nacieron, vivieron y murieron en un contexto histórico determinado. Que tuvieron dudas igual que todos, padecieron persecuciones, fueron incomprendidos, se sintieron perdidos... pero siempre terminaron encontrando a Dios.
    Yo cuando me vienen mis crisis de Fe y no encuentro respuestas que me satisfagan, cuando empiezo a dudar de todo y me siento tentada de patear el tableroautomáticamente pienso en los Santos y eso me ayuda un montón. Me salva de ahogarme en un mar de dudas y me recuerda que hace mucho o poco tiempo, hubo personas con los mismos miedos e interrogantes y que en la oscuridad tuvieron un encuentro cara a cara con Dios.  Me gustan especialmente las historias de los santos conversos: María Magdalena, San Agustín, San Pablo y la lista sigue... Me siento todavía más identificados con ellos. Todos pecadores, negadores, perseguidores... que abrieron su corazón a la Verdad y se los recompensó con la Vida Eterna.
    Las españolas de Madrid me prestaron Los renglones torcidos de Dios que volví a leer por tercera vez. Es que, como dicen por ahí, lo bueno hay que repetirlo...  
    Miiiic, te tuve taaan presente. Tenés que leerlo ya! Voy a ver si a la vuelta lo consigo en España.
    Li bra zo. Al el Top tres, seguro.

    Hace unos días que en Shanti Dan cambió la dinámica. Yo pensé que Julio era el auge de los voluntarios...pero no. (Mike, vez como se repiten las ocasiones del sí.... pero no? jaja!). Agosto arrancó a pleno y hay voluntarios por todos lados!!! A veces, cuando somos tantas, siento que más que ayudar, uno entorpece el trabajo. Esas mañanas, me salgo de las tareas típicas, me pongo unos guantes descartables, busco los frascos de cremas del dispensario y arranco a  circular por los pasillos, humectando y exfoliando brazos y piernas secas, masajeando rodillas doloridas, tobillos inflamados...
    Tengo que decir que lo disfruto un montón. Es que las mujeres de Shanti Dan son tan buenas! Tan pacientes! Tan dóciles! Cada una espera su turno, ninguna apura a las demás, todas te agradecen, te regalan una súper sonrisa, con algunas incluso metemos ratos y ratos de charlas... Necesitaría tres días mínimo para escribir sobre cada una. Es increíble como aprendí a quererlas a todas. Me acuerdo mi primer día, cuando sentí nervios y hasta miedo de quedarme con ellas. Qué ingenua!!!! Miedo? Ahora me río y me pregunto cómo pude sentir esa reticencia. Y me pregunto también cómo voy a hacer cuando llegué el día que tenga que despedirme de ellas y de ese lugar...

   Ultimamente, cuando terminamos con el spa, me sumo a la hora de rehabilitación. En Shanti Dan hay una sala de fisioterapia a donde van las mujeres con alguna discapacidad física o dificultad en el área motriz. Las dirige un terapista físico indio of course que al principio me parecía medio chanta pero al que estoy empezando a sacarle la ficha.
    A mi me encanta ese lugar. Me gustan los espejos, las barras, las escaleritas que hay. Me gusta estar ahí, mirando, dandole aliento a mis nuevas amigas, mientras ellas con su esfuerzo y sin saberlo le devuelven el aliento a mi propia vida.
    Por ejemplo, estan Radha y Kajul que son íntimas amigas y siempre se sientan juntas. Las dos usan sillas de ruedas pero por motivos distintos. Radha es espástica y casi no puede caminar. Se ejercita varias veces por semana para practicar pararse y sentarse en la silla. Desde los primeros días que siento algo especial por esa mujer. Al igual que Kajul, es lindísima. Pelo corto, piel oscura, rasgos perfectos. Lo mejor es su sonrisa desdentada que luce a todas horas. Casi no habla pero siempre esta súper atenta a lo que pasa y yo creo que entiende todo. Cada mañana cuando la saludo, le doy la mano...y no me suelta. Para mí esos momentos en donde me acuclillo para que nuestras caras queden a la misma altura y nos quedamos así, mirándonos y sonriendo son de los mejores regalos que me hizo Calcuta.
   Kajul es bastante más jóven (tendrá mi edad, o unos años más, osea, jovenciiiiisima) y la perfección de su cara sería la envidia de cualquier modelo. Es una paciente derivada de Kalighat, la primer casa fundada por la Madre Teresa. Me contó Sister Secunda que tuvo depresión y estuvo muy cerca de morirse...
    Por eso para mí es una sobreviviente y un ejemplo.  Pasó del umbral de la muerte a la pasión por vivir.
  Como dije, es monísima: tiene unos almond shaped dark eyes, pestañas densas y arqueadas, nariz respingada, labios de porcelana. Usa silla de ruedas pero por porque tiene la mitad del cuerpo paralizado.

    No hay que tener preferidas, lo sé, pero es que es inevitable no encariñarse especialmente con ellas dos... 
Kajul habla hindí, bengalí and english, con lo cual es muy fácil entablar una conversación coherente. Es una ídola por que siempre le traduce a Radha, en simultáneo, todo lo que charlamos. A mi me dan una ternura como se acompañan, hablando o en silencio.

   El lunes pasado caminamos con Kajul casi todo el largo de uno de los pasillos. Serán unos 40 mts.  Bue, ok,  haramos dijo el mosquito. Caminamos me suena a manada. Me corrigo, porque yo no hice nada. Sólo me ubiqué atrás suyo con una silla para que usara cuando se sintiera cansada. Y así, paso a paso, fue avanzando con su andador hasta la meta. Cuando llegamos fue increíble. Ella es tan madura y centrada que siempre expresa sus emociones con una serena alegría. En cambio yo... Yo estaba tan excitada que me puse a dar unos saltos al cantito de Kajul you are a genius, I m so proud of you, que  me tropecé con una escoba, me choqué con una silla y terminé en el piso, con el tobillo y el hombro a la miseria. A este ritmo voy a ser yo la que tenga que aprender a caminar con un andador!!!!
    Sin embargo, era tal la alegría por el mega logro que no me importaron el dolor ni hacer el ridículo!!!

        Esta semana se fueron mis queridas españolas de Sevilla. Y Viktor y Daniela, de Eslovaquia (se acuerdan de los que cumplieron diez años de casados?). El lunes pasado partió Cysillia, de Indonesia, con quien trabajé codo a codo más de un mes y medio y nos hicimos íntimas. Con cada despedida, se te vienen mil sentimientos intensos y encontrados y uno siente que se le rasga un poco el corazón.

    No quiero ni pensar cuando me toque a mí decir Good bye...








jueves, 23 de julio de 2015

Mi alma tiene sed de Dios


     Se termina Julio y con él, los días de muchos voluntarios. Estas mañanas suelen estar cargadas de despedidas, abrazos, invitaciones, promesas de volvernos a ver. Todo es, a la vez, lindísimo y desgarrador.

     Arranqué la semana con un lunes atípico. Fue de esos fechas en los que uno se cuestiona todo. Y con todo, me refiero a absolutamente todo. Ubican esos días? Ya no sé si es el calor o el cansancio o el desgaste emocional, pero estando en Shanti Dan se me vinieron -sin aviso y a chorros- una catarata de lágrimas que era imposible parar. 
     Me da la sensación de que no paro de escribir que lloro. Parece que me la paso llorando!!! Bueno, aclaro que no lloro siempre, pero sí mucho. Hay algo en estas calles y esta gente que me conmueve, me inquieta y sobre todo, me interpela. Y de alguna manera, llorar es mi forma de aligerar la carga que guardo en mi corazón por algunos temas que todavía no termino de comprender y mucho menos, de aceptar.
      Ya empecé el día escéptica, como descreída. Con algunas inquietudes que fueron tomando fuerza y vigor a lo largo de la mañana. Qué sentido tiene todo esto? A qué me vine a Calcuta? Para qué volar hasta la India, cuando tengo mi propia Calcuta en Argentina, a la vuelta de la esquina?  Por qué estas Sisters ponen tanto empeño y dedicación en Shanti Dan, si lo más probable es que estas mujeres se queden acá de por vida, siempre igual?!!!?  Típico mío que una cosa me lleva a la otra, y lo que en un principio en mi interior es orden y bienestar, en un segundo se transforma en una madeja de dudas, dudas y más dudas imposibles de desentrañar.
     Como para rematar la mañana, al medio día me pasé al sector de las chicas y lo que tenía que durar cinco minutos, se prolongó por casi una hora.
    Es que entré un segundito para avisar al resto de la voluntarias que nosotras ya habíamos terminado y nos íbamos, pero frente al panorama reinante, mi cerebro hizo cortocircuito. 
       En el mismo instante perdí capacidad de decisión y ganó mi intuición: tenía que quedarme. 
    Las 12 siempre es un horario crucial. Se va terminando la hora del almuerzo y empieza el momento de la siesta. Eso implica mover por lo menos 30 sillas de ruedas del comedor al cuarto y acostar a cada una de las chicas... Y las chiquitas que duermen ahí -mis chiquitas- son todas discapacitadas. Todas tienen problemas mentales y físicos. Las hay ciegas, con los miembros deformes, los ojos hundidos, las espaldas torcidas. Las hay tranquilas, tranquilísimas, tan tan tranquilas que estan directamente en otro mundo. Las hay tiernas y cariñosas y las hay agresivas y ruidosas. Y casi todas están en la etapa de la pre adolescencia... con la alteración hormonal que eso significa: cambios repentinos de humor, accesos de risa y llanto infundados, torpeza en los movimientos (a juzgar por ese criterio, yo sigo en una eterna pre adolescencia) y un laaargo etcetera. Cualquier mujer que superó los 15 años sabe de lo que le hablo. (Les recuerdo que Shanti Dan no es lo mismo que Daya Dan. Son casas distintas, con chicos distintos. Si surgen dudas, a la vuelta aclaro todo).
     Para mí ver eso no era algo nuevo, pero no sé por qué el lunes me golpeó tanto. Se ve que desde la mañana que venía arrastrando esa sensación de derrota y frente a este panorama, no tuve herramientas para superar el golpe. Y tan abatida estaba que la desesperanza arrasó con todo, mientras más preguntas afiladas como dardos se iban clavando una atrás de la otra en mis pensamientos. Donde esta Dios? En qué momento abandono este lugar y no nos dimos cuenta? Algún día podré llegar a cuidar a estas chicas con paciencia y amor incondicional? Por qué algunos nacemos sanos y otros no? Por qué la gente que aparentemente tiene todo, se da el lujo de abusar de su libertad y malgasta su vida destruyéndose? Y en ese estado me puse a dar una mano como una autómata tratando de sonreír y de darle coraje a mis niñas. De cantarles al oído, de acariciarles el pelo, de acomodarles el vestido... pero nada me salía bien. Tenía una mezcla de impresión, con enojo, con rabia, con dolor, con muchas ganas de salir de ahí, pero con más ganas todavía de quedarme (si alguien descifró eso último que me lo explique, por que ni yo me entiendo a veces).
     Pero es que la sensación era justamente así: contradictoria. De querer irme por no poder soportar tanto dolor ni injusticia, pero a la vez de querer quedarme para entender de qué iba todo aquello. Es difícil de explicar. Pero estando ahí -mientras lidiaba con esas piernas endurecidas, esos pies retorcidos, esos brazos inertes, esos pelos revueltos y esas caras sonrientesyo sentía el crack de cómo se iban rompiendo muchas barreras en mi interior. Barreas de titanio, altísimas, cuyos cimientos estaban en lo más profundo de mi alma. Barreras que yo misma construí a lo largo de mis 27 años para cubrirme y protegerme del sufrimiento. Barreras que en el fondo, no hicieron más que distanciarme del resto y sobre todo, de mí. Barreras que fueron creada para no sufrir, pero que, paradójicamente, lo único que hicieron...fueron hacerme sufrir más.
     Cuando terminamos de acomodar a todas yo volé el cuartito de las voluntarias (Maguch, el cuartito del que hablo vendría a ser como un primo hermano de nuestra covacha del Juzgado: la sala de audiencias, tan querida y tan disputada, que sigue siendo nuestra aunque SS y el prosecretario se crean lo contrario. Como para que se den una idea de lo que me encariñé con esos tres metros cuadrados de Calcuta). No puedo precisar si fueron cinco minutos o tres horas, pero estuve un buen rato llorando y llorando. Vaciándome, limpiándome. Dejando que las preguntas y miedos salieran, uno a uno. Sin fuerzas ni claridad para ensañarme con ellos. Pero con la necesidad imperiosa de dejar que cada inquietud que albergo, se manifestara, se hiciera palabra. Que dejara de ser un fantasma para pasar a ser algo real con profundidad, peso, volumen.
     Salí un poco más tranquila. Sin ninguna respuesta prolija y completa (como me gustan a mí) pero con el consuelo de las palabras que me repite mamá en cada una de nuestras charlas: Dios siempre sabe más. Hay que ser como chiquitos... y confiar.
   
        Quién hubiera dicho que gran parte de la luz que necesitaba echar sobre tanta oscuridad me iba a llegar al día siguiente? Y con acento español, nada menos. (Nota al pie: el acento español es mi debilidad, sobre todo el de Madrid, Valencia y Bilbao).
         Es que al día siguiente, martes, se fueron Juan y Miguel, mis españoles preferidos en la India. Divinos, guapísimos, interesantes, cancheros, muy buenos, muy copados (y de 21 años, aclaro, para que nadie se emocione. Ampi, Jachu, Luji, Oli, Teru tomen nota!). Yo los extraño tanto a Santi, Pato y Juan, que había adoptado a estos dos enanos como mis hermanos en Calcuta. Cuestión que ayer, entre abrazo de acá y fotos de allá, Miguel saca un mini cuaderno, lo abre y me cuenta que se lo había comprado especialmente para ese día. Que había hecho ya muchas anotaciones y que se estaba guardando algunas hojas en blanco para que la gente de Prem Dan -el centro donde el trabajó- le escribiera algunas palabras de despedida. Y ahí estábamos los dos, el admirando su adquisición y yo aguantándome las lágrimas antes de que se fueran... cuando llega Juan y le dice: Dale Miguel, pero mostrale a Luli la primer frase que escribiste, esa es la mejor. Ahí empieza todo... Y de repente frente a mi ojos tenía esas sabias palabras de la Madre Teresa que llegaron justo para serenarme: A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el océano, pero el océano no sería lo mismo si faltara esa gota. 
     El que tenga oídos, que oiga.


     Todos los días, después de Adoración en Mothers House, me vuelvo para Sudder Street donde queda el hotel donde me instalé hace ya casi un mes, cuando tuve que dejar BMS (Dato: ya tengo reserva para volver en agosto, estoy feliz). Como ya es de noche, la vuelta suele hacerse en tuc tuc, que te deja a una cuadra, y después de tener siempre la misma discusión con el chofer sobre el costo del trayecto (a esta altura del viaje yo peleo cada rupia como si fuera oro más o menos), finalmente se llega a destino. Muchas veces yo me voy directo a dormir por que no doy más, y muchas otras, nos juntamos dos o varios voluntarios más y vamos a comer. 
     Hace un par de días que combino con Tara, una chica norteamericana que llegó hace unas dos semanas y se va mañana. Llanto de nuevo porque es lo más grande que hay. Tara (si Floreta, como Gone with the wind!!!) es un poquito más grande que yo y tiene una personalidad excepcional. A pesar de sus 130 kg es la persona más segura de sí misma que tuve el gusto de conocer. Es alegre, con una vida súper interesante, muy inteligente, muy aguda en su humor (me encanta eso) y... no para de hablar. Es de esas personas que, sin llegar a ser densa, siempre tiene tema de conversación (a mí la gente que no para de hablar y no se banca un silencio, por lo general me resulta insufrible. No es el caso). Este último es un rasgo de su personalidad que que me viene bárbaro por que hay días que estoy tan agotada que pasadas las ocho de la noche, ya no me queda creatividad para sacar temas ni aportar puntos de vista. En esos casos, como ella habla, se pregunta, se contesta, se ríe y sigue, yo solo sonrío y hago comentarios standards del estilo Amazing, Oh! Defintely, Wow, really? De esos que siempre quedan bien y alcanzan para que la conversación fluya.

     Cuestión que ayer, mientras ella hablaba mi mente empezó a vagar por otros derroteros hasta que, como en sueños, escuche las palabras... el Camino...
    Y ahí se disipó cualquier nube de somnoliencia y mi cara fue tipo, Parame todo acá.
    Parame todo acá y repetí eso por favor. Camino, qué? No me digas que hiciste el Camino de Santiago?!! 
   Y siiiiiii!!! Lo había hecho!!! El mismo camino que caminé hace tres meses ella lo hizo hace dos años.
    Tremendo.
   A mi hablar del Camino me despierta intensos sentimientos encontrados. Es que como fue por leeeeeejos de las mejores experiencias de mi vida, cuando hablo sobre esos días tan felices me recontra copo pero después me agarra una nostalgia con la que me cuesta lidiar.
     Para los que estan leyendo esto y no saben, les cuento que antes de venirme a Calcuta, pasé Semana Santa en Roma y de ahí volé a España para caminar los últimos 400 kms del Camino Francés que unen Carrión de los Condes con Santiago de Compostela. Si me parece difícil explicar algunas cosas que vivo en Calcuta, más difícil me resulta describir mis días camino a Santiago. Es que fueron días tan únicos!!!
     Es gracioso por que todos los días haces lo mismo -madrugas, caminas, caminas, caminas, almorzas, ocasionalmente metes una siesta, seguís caminando, llegas a un pueblo que te gusta, paras, buscas un albergue, te pedís un menú del peregrino y te vas a dormir hasta el día siguientey sin embargo, cada jornada es distinta e increíble. A mi me llevó 15 días cubrir esa distancia, pero hay gente que camina desde el principio, saliendo desde Saint Jean Pied de Port en Francia y recorre los casi 800 kms en un mes. Admirable.
     Mis dos semanas fueron una gloria. Con tiempo para charlar con Dios, con los demás y conmigo misma. Con tiempo para escribir, contemplar la naturaleza y detenerme a admirar la Creación. Con tiempo para agradecer y para pedir. Con tiempo para mirar las cosas con perspectiva y poner sentido común y objetividad a mi crisis en Tribunales.
     La gente interesantísima que conocí, las charlas que tuve, las historias de vida que escuché, todo, todo fue un regalazo, una bendición y un aprendizaje.
     Sobre todo, guardo como un tesoro mis últimos cinco días desde el Monasterio de Samos hasta la Plaza del Obradoiro. De ese martes 22 al sábado 25 de abril, tuve la mejor compañía, probé las mejores comidas, compartí las mejores charlas y disfruté de los mejores silencios. Si fuera por mí, hubiera pateado la Catedral de Compostela hasta la India para seguir caminando hasta el día de hoy. Es que en el Camino, uno gana confianza y claridad, pierde algunos miedos (no todos!!!!) y aprende (o recuerda?) muchos aspectos esenciales de la vida.
      De todos, yo me quedo con dos:
      Primero, que hay que viajar ligero de equipaje.
      Y segundo, que en el fondo, y al final del día, todas las personas -con sus tiempos, a su modo y en su etapa- transitamos esta vida buscando lo mismo.


     Hoy, como todos los jueves, fue día libre y nos fuimos con Cysilia y Charlotte, dos voluntarias, a conocer un Templo Hindú y cruzamos el Río Ganges en barco. Programón!!!! Cuando tenga tiempo subo las fotos. Me voy a dormir, besos a todos!!!!



   
     







 

lunes, 13 de julio de 2015

Calcuta, escuela de Vida


    Cada vez me cuesta más poner en palabras lo que se vive y respira en Calcuta. 
    Si hablamos en términos matemáticos, hace un mes hubiera dicho que esto iba a ser como una regla de tres simple: Más tiempo llevas en Calcuta, más canchera y preparada estas para lo que te toca vivir.
     Se ve que nunca fui buena en matemática, porque lo cierto es que tuve que modificar ese esquema y aplicar una lógica al vésre. Es que ya llevo 40 días caminando estas calles y noto que no estoy ni canchera ni preparada para las sorpresas y gracias que voy recibiendo.
      Cada día que pasa percibo con más detalle cada uno de mis miedos y prejuicios. Y me doy cuenta como mutó una premisa que para mi era inalterable. Por que veo que Calcuta no me necesita... tanto como ya la necesito a ella!!!!

     Hoy partió el grupo de españolas, me quiero morir!!! Siento que es casi imposible nombrar a toda la gente buena que conocí este último mes. Ya les voy a ampliar cuando ponga un pie en Buenos Aires. Un lujazo coincidir estos 20 días con ellas. Despedirlas fue terrible. Decir adiós y que cueste tanto tiene esa mezcla de alegría y tristeza. Calculo que en esa dualidad de sentimientos, reside la grandeza del encuentro: cuánto más grande es la pena por despedir a los que se van...es por que más grande e intenso fue lo vivido. Ojalá nuestros pasos coincidan alguna otra vez.  El viernes pasado, cuando todavía seguía en cama, se fue la banda de Focus. Doce chicas de Estados Unidos, una mejor que la otra. Con tres sobre todo -Dominica, Brianna y Tori- tuve oportunidad de compartir muchos de los mejores momentos de Calcuta. Con ellas me pasó lo mismo que decía antes. Pero como dice mamá, esta Ciudad es en varios sentidos un reflejo de la vida misma: gente que llega y gente que se va, pero todos con algo para aportar durante su paso. Y ese fluir es lo que, entre otras muchas cosas, le da sabor a estos días.


     Shanti Dan ya rompió todos los récords: cada día me gusta más. No quiero ni pensar cuando me toque a mi despedirme!!!
     Ayer  fue un día movido. Eramos pocas voluntarias así que estuvimos de acá para allá lavando ropa, tendiendo camas, ayudando con el almuerzo. A mi me gusta mucho más cuando somos menos. Uno por que me gusta este ritmo de no parar mientras estamos trabajando. Como hay mucho que hacer, uno no tiene tiempo para distraerse con otras cosas. Y dos, por que siendo pocas, se crea un link más fuerte con las demás voluntarias.  Las charlas que salen son mucho más fecundas e interesantes.
     
     El 11 de julio, además, va a quedar marcado a fuego en mis recuerdos de este lugar por  una nueva razón. Por que ayer tuvimos una llegada inesperada que rompió con la rutina y algo más.
     
    Eran como las 11.30 y yo estaba parada en el marco de la puerta chequeando que el ingreso al comedor fuera ordenado y que cada mujer se sentara en su lugar, cuando mis ojos se toparon con una nueva cara. Dos voluntarios acababan de encontrar a una mujer en la calle y la traían para que ingresara en Shanti Dan. Lo que pasó en el siguiente minuto fue como un sueño. Sister Secunda -con su piel oscura y su sonrisa blanquísima- diciendo mi nombre, la señora nueva caminando por el pasillo, las palabras ayudar, bañar, a ver si te animás flotando en el aire, mi cara de incomprensión, después de susto y por último de entusiasmo? miedo? rechazo? ganas? Imposible definir si fue una o todas esas juntas. Y no sé como, pero un instante después estaba en el baño con una de las Masys, poniéndome los guantes...lista para hacer lo que me indicaran. 

    Todavía hoy, un día después, este recuerdo me hace llorar. Dios es tan sabio, tan bueno, tan lleno de misericordia. Estoy descubriendo que hasta tiene un sentido del humor...impecable. Se ríe de nosotros y se ríe con nosotros. Nos pone a prueba, pero nunca abandona. Cuánto más pide, más ayuda. Y siempre, siempre, nos regala cruces del peso y del tamaño que cada uno puede soportar.

     Para los que están leyendo y me conocen a fondo, saben que le tengo una fobia irracional a los pelos. Es ridículo, lo sé, pero es más fuerte que yo (hasta escribir sobre este tema me pone mal, ya me noto inquieta en la silla!!!!). No te digo que ver un pelo fuera de su lugar me da fiebre por que eso ya sería exagerar, pero que me altera...me altera. Me pueden estar contando la mejor de las historias, pero si de repente mi mirada encuentra un pelo en el sweater de la persona que me esta hablando... automáticamente pierdo atención, me pongo nerviosa, incómoda y necesito cortar la conversación para notificarlo del drama silencioso que se esta desarrollando en su ropa. (Me río sola mientras escribo esto por que no puedo ser tan histérica ni superficial. Pero sí...lo soy!!!!). Es  absurdo escribir esto en el mismo párrafo de algo para mí tan trascendente....pero es que todo tiene que ver con todo.

   Porque ayer, me tocó lidiar, no con UN pelo, sino con mechones y mechones de pelo ajeno y mugroso!!!! Pero lo que mi mente se imaginó como la PEOR de las pesadillas, la realidad se encargó de transformar en un milagro. 

     Por que el cambió que presencié fue eso: un milagro.

   Primero ayudé a la señora a desvestirse. Y tengo que decir que no hubo nada de indigno ni humillante en ese acto. Por que todo en ese lugar se hace con tanto respeto por el otro, que uno pierde los nervios y la vergüenza en cuestión de segundos. Después, mientras la Masy empezó a cortarle el pelo, yo me puse a circular de un lado para el otro con los harapos en mis manos, debatiéndome entre si ponerlos a lavar, tirarlos o quemarlos. Por que lo que traía puesto no merecía ser llamado ropa, eran retazos inmundos y andrajosos!!! Así estuve, hasta que llegó Sister y tomó cartas en el asunto (Luisa, al tacho de una!!!). Con las manos libres, pude finalmente arrodillarme a su lado y me puse a cantarle bajito. Me esta pasando que cada vez que no tengo bien definido mi rol, me pongo a cantar... y el ambiente como que se transforma. No por mi voz, claro. Pero hay algo en las letras, los acordes y las melodías que sirven como analgésico para relajar cualquier situación.
     Y estaba tan ensimismada agarrando las manos de la mujer y concentrada en no equivocar la letra ni los tonos  de la canción... que ni me di cuenta como esa masa de pelo sucia y dura como el acero, iba cayendo alrededor (y encima!!!!!) mío. 
     La parte de enjabonarla y enjuagarla fue la mejor. Yo me re copé restregando y restregando por que era increíble ver como abajo de esas costras de suciedad, desidia y abandono iban floreciendo la piel, la alegría, las ganas de vivir. No me olvido más la cara que puso mientras levantaba los brazos en alto para recibir los baldazos de agua fresca y limpia. 
     A esa altura yo no sé quien estaba más feliz, si ella o yo. Las gotas de agua que salpicaban se mezclaban con mi llanto. Pero no eran estas lágrimas de angustia o desolación, sino lágrimas de felicidad y emoción. Por que lo que entró  arrastrándose más sucio y abandonado que un animal, salió  caminando como una persona digna. Lo que estaba muerto, había vuelto a la vida; lo que estaba perdido, había sido encontrado. 
     Estas Sisters son como el Rey Midas. Todo lo que tocan lo transforman en oro...

     El remate final, como siempre, me descolocó. Cuando me fui a despedir de todas, Sister, entre risas (claramente se reía de mi: de mi aprensión inicial y de mi entusiasmo final), me tira un Gracias, Luisa!
     Mi cara de Eh?No te sigo. Gracias a mi? Gracias a ustedes!! 
   
     Gracias, gracias, mil veces gracias. No existen palabras para agradecerle a estas mujeres tan santas y abnegadas todo lo que hacen y el gran ejemplo que nos dan. Ejemplo que además se da en silencio y con humildad, lo que lo convierte en cien veces mejor. 

     Ya de regreso, mientras caminábamos a la parada, volvieron a mi mente las palabras que había estado canturreando. No me pregunten por qué pero hace ya unos días que se me pegó la letra de esa canción que cantamos en Navidad en el Marín y arranca así, Un ángel habló: ya viene el Señor tu Dios, prepara el Camino llega el Salvador...





   

     Hago un paréntesis final para comentar algo nada que ver. Desde que llegué que prácticamente no me crucé con ningún argentino. Y digo prácticamente ninguno, por que fueron solamente dos, Vane y Cecilia, pero que estuvieron pocos días y además siento que se fueron hace un eternidad. Cuestión que esta mañana, pasé de cero argentinos a... cinco!! Si sí, yo tampoco me lo podía creer. Y no solo argentinos, sino de Buenos Aires. Y no solo de Buenos Aires, sino de San Isidro. Y con lo chiiiica que es la burbuja aparte en la que vivímos, obvio que eran egresados del Santa Inés, Pilgrims, Newman... jajaja, tremendoo!!!! Tibiii y Milucha, si están leyendo esto, ríanse conmigo. Hoy estuve comiendo con Rafa y Vir Ortega. 
     Este mundo es mini!!!!!!!!!!!